Capítulo 11: «Change the story, change the lead»

Primera temporada

Advertencia: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Jueves 24 de abril de 2014

A pesar de que era festivo (jueves santo), el periodista Felipe Zuleta y el Vicefiscal General, Jorge Fernando Perdomo, madrugaron para desayunar juntos. Los días que no trabajaban los aprovechaban para compartir al máximo aquellos momentos que, por cuenta de sus ocupaciones, no les eran permitidos. No solo Perdomo era un hombre sumamente ocupado por la cantidad de casos de los que era responsable en la Fiscalía, sino que su horario no coincidía con el de Felipe. Aunque este último hacía campaña como fórmula vicepresidencial de la Candidata (ver capítulo 8), y ya no tenía la obligación de madrugar porque había abandonado su trabajo en el programa radial “Mañanas Blu”, mantenía la costumbre de levantarse mucho antes que las mismas gallinas (ver tuit de Felipe Zuleta, saludando con un “buenos días” a las 3:39 de la madrugada). Por supuesto, la mayoría de las veces caía profundo en la cama antes de que Perdomo terminara su propia jornada.

—Qué vaina… se acaba de morir Cheo Feliciano —dijo Felipe en la mesa mientras revisaba su celular, apurándose de inmediato a escribir un tuit al respecto.

—Felipe… —dijo Perdomo en tono de quien le llama la atención a un niño chiquito—. Vamos a desconectarnos un rato, ¿sí? ¿En qué habíamos quedado? “No celulares” en la mesa, ¿te acuerdas?

—Sí, sí… tienes razón. Ya lo guardo.

Felipe Zuleta envió el tuit, puso el celular boca abajo y se dispuso a desayunar. Cogió un pedazo de pan y, sin llevarse el trozo a la boca, se quedó pensativo durante algunos segundos.

—Tengo que decirte algo que me contaron ayer.

—¿Qué? —preguntó Perdomo sin mayor interés.

—Parece que están hackeando las negociaciones en La Habana.

El Vicefiscal se quedó pasmado. Ni siquiera masticó el pedazo de queso que acababa de morder. Antes tenía que digerir semejante información.

—¿Parece que están hackeando las conversaciones en La Habana? —preguntó, como queriendo asegurarse de que había oído bien.

—Un asesor de la Candidata se enteró casualmente (ver capítulo 10: “Cumbre de brujas”). Pues… al menos eso dice él.

—¿Y cómo se supone que se enteró?

—Es amigo de una vieja que trabaja en la campaña de Óscar Iván Zuluaga…, una tal Lina Luna. Es… o era actriz. Resulta que el esposo de ella es un tipo que tiene una empresa que hace esas vainas de estrategia en redes sociales. Lo grave es que la misma empresa le presta servicios de Twitter y cosas así a la campaña de Zuluaga. O sea, los dos trabajan pa’l mismo pisco. Lo que nos contó el asesor de la Candidata es que, en una conversación con Lina Luna, a ella se le escapó decir que el marido anda hackeando a los negociadores en Cuba.

—¿A cuáles negociadores? ¿A los del Gobierno o a los de las Farc?

—Eso mismo pregunté yo, pero la vieja esta no dijo más. Lo único adicional que tenemos es el nombre del tipo y hasta la dirección de la oficina en la que se supone que hackea. Ahí los tengo anotados.

Perdomo dejó el plato a un lado, se levantó lentamente y empezó a caminar de un lado a otro. Parecía extraviado.

—Esto es muy grave, Felipe. Me estás diciendo que de una campaña a la Presidencia están chuzando el proceso de paz. Es una cosa delicadísima.

—No, no, no… te estoy diciendo que un tipo que trabaja para Zuluaga, podría estar chuzando el proceso de paz, según su misma esposa.

El Vicefiscal siguió dando vueltas.

—Me preocupa, Felipe, que esta información venga justamente de otra campaña, en la que además tú estás metido. ¿Qué tal que te estén usando?¿Qué tal que la Candidata, sabiendo de nuestra cercanía, haya querido que me dieras esta información para hacer guerra sucia con la Fiscalía?

—Entiendo tus prevenciones. Yo tuve las mismas y lo hablé con ella. Me dijo que sería peor si, sabiendo que pueden estar cometiendo este delito, se quedara callada. Yo creo que tiene razón.

—Entonces que ella vaya a mi despacho y haga la denuncia formalmente.

—No, no, no… la Candidata no se va a meter en eso, porque lo van a ver como guerra sucia de parte de ella. Esto es algo que tú, simplemente, debes evaluar si lo investigas o no.

***

La Candidata hablaba en voz baja a través de su celular, sentada en una sala de espera de la Casa Privada de la Presidencia de la República.

—Pero Verónica, ¿cómo se les ocurre a estas alturas aliarse con Santos, después de todo lo que les ha hecho?

Al otro lado de la línea estaba Verónica Alcocer, la esposa del Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

—Lo siento, pero es una decisión que ya tomó Gustavo y estoy de acuerdo con él.

—Y entonces qué le vamos a decir ahora a Peñalosa. Con él habíamos hablado otra cosa.

—Qué va. Él no ha dejado de criticar a Gustavo y a los Progresistas. Además, a estas alturas lo mejor que le puede pasar a Gustavo es regresar a la Alcaldía. Esto ha sido muy difícil para la familia. Nos ha afectado mucho. Y, si de ideología se trata, a Gustavo le interesa respaldar el proceso de paz. Él ha trabajado toda su vida por la reconciliación de este país.

—Pero Verónica, cómo es posible que…

—Lo siento, pero así son las cosas. Es una decisión tomada.

La Candidata exhaló, resignada.

—Bueno, pero al menos podrían dejar que yo haga ese acercamiento y negocie con Santos.

—No hace falta. Unos emisarios del Presidente ya buscaron a Gustavo y le dijeron que Santos estaría dispuesto a restituirlo.

—¿Que qué? ¿A cambio de qué? ¿Cuáles emisarios?

—No te voy a decir quiénes. No puedo. Pero sí es obvio que ofrecen devolverle la Alcaldía a cambio de que respalde el proceso de paz, y pues, claramente, que movilice a sus seguidores en Bogotá a favor de la reelección. No hay que ser un genio para deducir eso (oír audio de La W).

—¿Y ya dijeron ustedes que sí aceptaban la propuesta?

—Aún no. Gustavo tiene que hablar con unos Progresistas primero. Pero, a más tardar mañana, esperamos decirles que sí a los emisarios de Santos.

Un edecán del Presidente entró a la sala en donde esperaba la Candidata.

—Doctora, el Presidente ya la está esperando en el estudio —dijo el hombre.

La Candidata asintió con la cabeza y se despidió de su amiga.

—Vero, te tengo que dejar. Hablamos luego.

Las cosas no podían estar peor para los planes de la Candidata. Se estaba quedando sin margen de maniobra. Pero, justamente, a eso iba a su reunión con Santos: a retomar el control.

—Mi estimada Candidata —la saludó el Presidente cuando la vio entrar al estudio.

—Juan Manuel querido, qué privilegio que puedas atenderme.

—Ni más faltaba. ¿Cómo va esa campaña? —preguntó Santos, invitándola con una seña a tomar asiento y acomodándose él en una poltrona.

—Pues, la verdad, he estado trabajando más para tu campaña que para la mía.

—¿Ah, sí? —dijo el Presidente, incrédulo.

—Me enteré por ahí que andas buscando un acuerdo con Petro.

Santos se quedó viéndola seriamente, casi con molestia.

—Por lo visto, para la gente ya no significa nada la palabra “confidencial”… o “prudencia”. ¿Quién te contó?

—La mujer de Petro.

—Bueno… pues hasta allá no puedo controlar las filtraciones… ¿Qué te dijo?

—Estaba indignada. Más o menos dijo que si los creías bobos o qué. No le cabía en la cabeza que hubieras buscado a Petro, luego de haber desacatado las medidas cautelares.

—Mmm… Me extraña, porque lo que a mí me dijeron es que a Petro le sonó la propuesta. 

—Pues sí le sonó, al principio, pero la misma Verónica le envenenó la cabeza. Hasta lo regañó por siquiera considerar la propuesta y lo obligó a rechazarla… por no decir que le PROHIBIÓ aceptar.

El Presidente hizo cara de preocupado. Se agarró el rostro con las dos manos, como desesperado, jalándose la piel hacia abajo.

—Esto se me está saliendo de las manos… Ya hasta habíamos hablado con un juez de restitución de tierras. La idea era que Petro presentara una tutela ante ese juez “amigo” que le dieran la razón. Imagínate hasta dónde llegamos para cuadrar esto, ¡un juez de restitución de tierras! (lea acá la noticia sobre el fallo del juez). Se me complica mucho esta elección si no logro mejorar la intención de voto en Bogotá.

La Candidata guardó silencio. Dejó que Santos se preocupara unos segundos más. Quería verlo un poco torturado.

—Despreocúpate —dijo ella, finalmente—. La convencí de que aliarse contigo era la mejor opción para su marido.

—¿Cómo así?

—Me tomó una hora hacerla cambiar de opinión. Básicamente, le dije que lo más importante para Petro era defender su legado y que eso solo lo podía hacer regresando al cargo. Además, le recordé que, ideológicamente, lo que más quiere Petro es la paz. Él ha trabajado toda la vida por la reconciliación de este país. Lo lógico, y lo que genuinamente él desea, es que se firme un acuerdo con las Farc.

—¿Y entonces? ¿Van a aceptar?

—Sí. Es una decisión tomada.

Santos echó la cabeza para atrás, aliviado.

—Gracias, muchas gracias. No sabes lo importante que es esto.

—Juan Manuel, que al menos esto te sirva para tenerme más enterada de tus pasos. No quiero ni pensar en qué hubiera pasado si yo no me entero por mi lado… Me has tenido muy al margen de todo, a pesar de que te he demostrado ya varias veces que quiero que ganes y que puedo mover fichas importantes. Es más, vengo a advertirte de otro incendio que se avecina.

—¿Y ahora qué?

—Es algo grave, Juan Manuel… Le van a filtrar a Daniel Coronell una declaración que le dio uno de los hermanos Comba a un Fiscal de Estados Unidos.

Santos abrió los ojos. Era su manera de preguntar “¿y?”.

—Pues este narcotraficante —continuó la Candidata—, palabras más, palabras menos, dice que te hicieron llegar una propuesta de sometimiento de varios narcos a través de JJ Rendón.

—Eso es cierto, pero…

—Yo sé que es cierto —interrumpió ella—. Lo que no sé, y espero que tú tampoco sepas, es que dicen que le entregaron 12 millones de dólares a Rendón para que hiciera esa gestión. Si bien es entendible que unos mafiosos quieran someterse… lo que va a ser un escándalo es que un asesor tuyo haya recibido semejante millonada de ellos.

—Eso debe ser mentira… Tiene que ser mentira. No creo que JJ se haya puesto en ese plan.

—Mentira o no, la noticia es que un narcotraficante declaró eso. Lo peor es que la propuesta de sometimiento y la gestión de JJ son reales. Eso va a hacer más difícil que puedan desmentir lo del supuesto pago. ¿Quién va a creer que JJ trabajó gratis? Además, la prensa, que tanta tirria le tiene a Rendón, se va a fascinar con el tema y le van a caer con toda… Ahí estará tu asesor estrella, otra vez, siendo noticia en las elecciones. El problema es que ahora será por algo mucho más delicado que la simple acusación de usar propaganda negra.

Santos se puso de pie y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Dio algunos pasos con la cabeza gacha y dijo:

—Supongo que no vienes solo a alertarme, sino que ya tienes algún plan.

La Candidata sonrió, creída.

—Así es… Hoy le dimos información al Vicefiscal General sobre un hacker que parece estar interviniendo las comunicaciones de los negociadores en La Habana.

La mandíbula de Santos se descolgó. Incluso, alcanzó a palidecer un poco. No podía creer que estuviera escuchando una noticia mala tras otra.

—¿Un hacker de dónde? ¿Aquí?

—Sí, en Bogotá.

—Pero… y… o sea… ¿chuzaron a los negociadores en Cuba? ¿Los teléfonos, los correos o qué?

—Ni idea. Eso lo tendrá que investigar la Fiscalía, pero la información es confiable. Le dimos al vicefiscal Perdomo información del hacker y de la oficina en la que trabaja.

—Ah, pero entonces sabemos quién es y en dónde trabaja.

—Esa es la parte más interesante: trabaja para Óscar Iván Zuluaga.

El Presidente volvió a sentarse, estupefacto.

—¿Están chuzando el proceso de paz desde la campaña de Zuluaga? —preguntó Santos, más que a ella, a sí mismo, intentando dimensionar las implicaciones del tema.

—No necesariamente, pero ese sí es el mensaje que tenemos que ventilar: “Chuzan proceso de paz desde la campaña del candidato uribista”. Lo comprobable, por ahora, es que el tipo tiene una empresa que provee servicios de estrategia digital y que uno de sus clientes es el Centro Democrático. Lo mejor del caso es que la esposa del hacker sí trabaja directamente con Zuluaga.

—Pero eso está muy bueno. Tenemos que hacerlo público y pronto.

—No, Juan Manuel, eso no era lo que venía a proponerte.

—¿Y entonces?

—Tienes que hablar directamente con el Fiscal y pedirle que arme un caso pero que no lo haga público aún.

—Pero cómo no… por supuesto que hay que hacerlo público y rápido, antes de que nos estalle en la cara lo de JJ (vea noticia en CNN).

La Candidata miró al Presidente con aire de superioridad.

—Me extraña, Juan Manuel. Nunca has sido un hombre impulsivo y este es el momento menos indicado para empezar a serlo… Por un lado, lo de JJ es incontrolable. Daniel Coronell no es un periodista al que le puedas pedir que se abstenga de publicar una información como esa. Además, estoy segura de que no es al único al que le van a filtrar la declaración de Comba. Lo del hacker hay que hacerlo público inmediatamente después de que estalle lo de JJ… Change the story, change the lead… It’s not a new concept.

Santos miró con curiosidad a la Candidata, extrañado de que ella dijera esas palabras en inglés que a él le resultaban familiares.

—¿De dónde sacaste esa frase?

—Ambos sabemos de donde salió: John Rendon… Hace mucho leí que él te asesoró cuando eras Ministro de Defensa (lea la columna de 2005 de Daniel Coronell sobre John Rendon). 

—¿Y tú lo conoces también?

—No he tenido el placer, pero conozco la frase porque vi la película que hicieron los gringos inspirados en él. Se llama Wag the dog. Supongo que la has visto.

—Ah… —dijo el Presidente, haciendo memoria— me han hablado de esa película varias veces, pero nunca he tenido oportunidad de verla. Creo que la protagoniza… Roberto De Niro, ¿cierto?

—Imagínate el honor: John Rendon, interpretado por Robert De Niro. Básicamente se trata de un spin doctor que se inventa una guerra contra Albania para tapar un escándalo de pedofilia del Presidente de Estados Unidos, que además está en plena campaña por la reelección… En fin… Lo que te estoy proponiendo es, seguramente, lo que John te sugeriría si estuviera aquí: change the story, change the lead. Creo que será muy fácil cambiar el titular de “JJ recibió dinero de narcos”, por el de “Zuluaga sigue los pasos de Uribe y chuza a sus contradictores”. Lo bueno es que no hay que inventarse una guerra. El hacker ya existe.

—Mmm… Tiene sentido…

—Dos sugerencias más… Supongo que Vargas Lleras anda en Estados Unidos buscando validadores anticastristas.

—Sí… necesitamos que, así sea desde afuera, nos ayuden a desmitificar el cuento ese del castro-chavismo que se inventó Uribe.

—Pues yo creo que cometes un error. Si pones a unos anticastristas a desvirtuar que aquí, en Colombia, nos estamos entregando al castro-chavismo, al final lo que vas a lograr es que el tema siga en la agenda y, peor, que se magnifique. Hay que hacer que se hable de otra cosa.

—Change the story, change the lead? ¿Qué se te ocurre?

—Neonazismo. Ese concepto podría venderse muy bien para encuadrar a los fanáticos uribistas (lea “Santos arremete contra el Centro Democrático…”).

—Ok… ok… —dijo Santos, asintiendo mientras asimilaba la idea.

El edecán que recibió a la Candidata reapareció en el estudio. Traía un teléfono en la mano.

—Señor Presidente, tiene una llamada de la señora Canciller.

—Dígale que la llamo luego —contestó Santos, despachando al edecán con la mano y retomando su conversación con la Candidata—. Bueno, pero… me dijiste que tenías dos sugerencias. ¿Cuál es la otra?

—Uribe tiene de su lado a otro expresidente haciéndole barra. Me refiero a Andrés Pastrana. Aunque muchos lo detestan, cada vez que habla genera un titular que le hace daño al Gobierno y al proceso de paz. Y mientras tanto, tú tienes en el bolsillo a dos expresidentes que están completamente desaprovechados.

—Ernesto Samper y César Gaviria…

—Sí. Hay que ponerlos a hablar duro en medios. Tienes que ponerlos en la primera línea de combate.

Santos estaba dispuesto a conversar más de lo previsto con la Candidata. Sin embargo, antes de que prosiguiera, vio al edecán asomarse nuevamente. Aún tenía el teléfono en la mano.

—¿Qué pasa? Estoy ocupado —dijo con enfado.

—Disculpe, señor Presidente, pero la señora Canciller dice que es supremamente urgente. Acaba de fallecer Gabriel García Márquez. (Vea cómo se gestó la jefatura de debate de César Gaviria en la campaña de Santos, al regreso del homenaje que se le hizo a Gabo en México).

***

Germán Vargas Lleras, en Miami, ya había terminado la respectiva entrevista con Félix de Bedout (vea foto de la entrevista) y ahora terminaba de conversar con Daniel Coronell, no solo columnista de Semana, sino Vicepresidente de Noticias de Univisión, ni más ni menos que la cadena de habla hispana que ahora le competía hombro a hombro a las históricas NBC, FOX y ABC.

—No entiendo por qué me entrega esta información a mí —dijo Coronell, sin apartar su vista de un abultado paquete de hojas.

—Ya se lo dije. Simplemente, sé que esto va a ser un problema enorme para el Presidente y creo que es mejor que se conozca pronto y no en los debates que se van a dar de cara a la segunda vuelta. Mejor dicho… prefiero que el escándalo estalle ya, para que llegue con menos fuerza a la elección del 15 de junio.

—Y, según usted… ¿el Presidente no tiene ni idea de que estoy recibiendo esto de manos suyas?

—Así es.

—Perdóneme, doctor Vargas Lleras —dijo Coronell, soltando los papeles y reclinándose en su silla—, pero me resulta muy difícil de creer.

—No tiene por qué creerme —respondió el político con un gesto de despreocupación—. Lo que me interesa es que cumpla con lo que me dijo antes de que le entregara esta documentación: que usted va a honrar su deber de periodista de proteger mi identidad como fuente. Solo usted y yo sabemos que aquí y ahora recibió de mí la declaración de Comba (lea acá la columna de Coronell sobre el tema). Yo espero morirme con el secreto. Espero que usted haga lo propio.

***

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