Capítulo 3: La fórmula vicepresidencial

Primera temporada

Tomado de W Radio.

Advertencia: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Jueves 14 de noviembre de 2013

Por segundo día consecutivo, Germán Vargas Lleras amaneció de buen humor. Hace apenas 48 horas se había conocido la encuesta Gallup de noviembre, que le daba mejor intención de voto que al mismísimo Presidente de la República. Eran las 7:33 de la mañana. A esa hora atravesaba la puerta del cuarto avión de Avianca que partía de Bogotá hacia Cali. Tan pronto vio que en las primeras filas ya estaban acomodados Juan Mesa y María Emma Mejía, sus dos compañeros en la Fundación Buen Gobierno, no pudo evitar el papayaso de llamar la atención a costa de ellos.

—Ah, ¡pero claro! ¡Si es que los samperistas viajan en clase ejecutiva!

La exclamación se alcanzó a escuchar hasta la fila 23. Mesa y Mejía sonrieron con timidez. Los demás pasajeros hicieron lo mismo, pero no como respuesta al chiste sobre los samperistas (que no entendieron) sino más por la sorpresa de encontrarse en el avión a tremenda figura pública.

Vargas Lleras caminó con regocijo hasta ubicar su silla en clase económica, estrechando un par de manos de ciudadanos que le demostraron reverencia y admiración (aunque no era para tanto; igual hubiera pasado con cualquier otro, del tipo de Enrique Peñalosa o Francisco Santos). “Mi señora, ¿cómo está usted en el día de hoy?”, le dijo pausadamente y con el mejor de sus encantos a una mujer que miró extrañada la barriga y la papada de ese político que se imaginaba más delgado. Todos sus movimientos (calculados, actuados) eran la viva expresión de un candidato en campaña, dicharachero, humilde, acomodando él mismo su morral en uno de los compartimentos superiores, como diciéndoles a quienes lo observaban: “Yo soy un ciudadano del común, uno más de ustedes”. La rutina, que repetiría esa noche en el vuelo de regreso a Bogotá (ver foto de Vargas Lleras buscando un puesto para su morral), es la misma que había practicado durante sus viajes de los últimos meses para echar a andar los llamados Capítulos Regionales de la Fundación Buen Gobierno.

Un par de minutos después de haberse sentado en su silla, que daba al pasillo, tuvo que levantarse para darle paso a Gerardo Aristizábal, su jefe de prensa.

—Oiga, Gerardo, pero usted sí es que no puede ver a un pobre acomodado —volvió a decir en voz alta, haciéndose nuevamente el chistoso, transmitiendo su elaborada simpatía a la efímera audiencia de pasajeros que seguían cada uno de sus movimientos.

Gerardo se sentó al lado de la ventana. Vargas Lleras retomó su asiento de pasillo y comenzó a revisar mensajes en el Blackberry. Como de costumbre, nadie se ubicó en la mitad. Por razones de seguridad, nunca dejaban que desconocidos ocuparan a un puesto al lado suyo.

—Ahí está hablando la Candidata en La W —le dijo Aristizábal a su jefe, tocándose la oreja en señal de que la estaba oyendo por un audífono—. Se le iba rebotando a Julio por compararla con Mockus y Clara López (lea la transcripción de la entrevista de la Candidata en La W).

—Ah, ¿sí?… —murmuró Vargas Lleras, mostrándole uno de los chats recibidos en su teléfono—. Vea… yo no sé si será coincidencia o no, pero ahí me escribió la vieja esa.

El Presidente me pidió hablar con usted. Se supone que yo no debo decirle que lo contacto por instrucciones de él. Llámeme.

—¿Y esa vaina? Como raro, ¿no? —dijo Aristizábal.

—Raro, no. Rarísimo. Mesa me contó que ella estuvo visitando al Presidente hace unas semanas, ayer salió con la entrega de firmas en la Registraduría para lanzar su candidatura y ahora aparece con este cuento. Yo no sé en qué anda la señora Candidata pero me produce desconfianza.

—No pierde nada con llamarla. Quién quita que lo que quiera es sexo.

Vargas Lleras aguantó la carcajada.

—Gerardo, por eso es que nos entendemos tan bien. Usted, como yo, es todo un gamín.

***

La Candidata colgó. Hizo una mueca de incomodidad.

—¿Y esa cara? A mí me parece que salió bien la entrevista —dijo Nicolás Ulloa buscando unas anotaciones en su iPad—. Creo que usó adecuadamente los bullets que le preparamos: cantarles la tabla a los colombianos, corregir nuestros comportamientos como sociedad, en fin… me gustó todavía más eso de darles correa a los que compran celulares robados.

—No es eso. Es que… tengo este prejuicio con Camila Zuluaga. Me mama el tono de esa culicagadita, ese papismo que tiene para ver todo en blanco y negro. No es que ella haya sido agresiva en esta entrevista, simplemente le tengo pereza a la niñita… Anyway… Te cuento: anoche me llamó el Presidente. Me dijo que necesitaba un favor.

—¿Mmm? No pensé que la fuera a buscar tan pronto.

—Pero no te he contado lo mejor. Me dijo que necesita un par de datos sobre Germán Vargas Lleras. Mejor dicho, te lo resumo así: de alguna manera sugirió que está contemplando a Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial, pero necesita tantear un poco a qué se atiene con él, específicamente en el tema de paz.

—¿Y por qué el Presidente no le pregunta directamente a Juan Mesa? Se supone que es de toda la confianza de Santos. Él debe saber más.

—Eso mismo le pregunté. Me dijo que quiere la opinión de un tercero, una opinión más objetiva, porque Mesa y Vargas Lleras han hecho muy buenas migas.

—¿Y entonces?

—Pues nada. Ya cumplí con dejarle un mensaje a Vargas para que me llame.

La Candidata puso el teléfono de su oficina en altavoz y marcó al conmutador de la Casa de Nariño.

—Presidencia de la República, habla José Vicente —contestó el operador.

—Comuníqueme con el despacho del Presidente, por favor.

Nicolás frunció el ceño.

—¿Qué haces? ¿No vas a hablar primero con Vargas? —preguntó él mientras sonaba la música de la llamada en espera.

—Voy a dejarle razón a Santos para que me devuelva la llamada. No hace falta que yo hable previamente con Vargas. Tengo muy claro qué es lo que le voy a decir al Presidente.

***

Pasadas las 10 de la noche la Candidata regresó a casa. Estaba rendida. Vio que Germán Vargas Lleras finalmente le estaba devolviendo la llamada pero no contestó. Dejó los tacones en la sala, encendió el televisor y sintonizó el Canal Uno (esperando encontrarse con el 1, 2, 3 de Yamid Amat). Buscó una copa de vino blanco y se desplomó en el sofá. Ubicó a Francisco Santos en su lista de contactos del celular y le escribió.

Hablaste con Otty? (ver entrevista de Otty Patiño, revelando conversación con Francisco santos)

La respuesta no tardó ni 30 segundos.

Sí!! Como me sugeriste le dije lo del Procurador

Y luego le dije que estaba buscando apoyo de la ASI para la alcaldía!!

De la risa, la Candidata casi hace un reguero con el sorbo de vino que iba a beber. “Es como quitarle un dulce a un Pachito”, pensó.

Y como reacciono?

Pues primero como consternado!!

Pero luego bien!!

Le hice ver que yo era una buena opción independiente!!

Que en mi podrían encontrar una alternativa mesurada!!

Que yo no iba a linchar a Petro!!

A pesar de que era justo lo que había planeado, a la Candidata le costaba creer tanta ingenuidad. Luego de que el mismo Francisco Santos le contó sobre la inminente destitución del alcalde Gustavo Petro, ella lo convenció en una sentada de apartarse del uribismo y empezar a perfilarse para llegar a la Alcaldía, eso sí,  como una opción de centro que aglutinara los extremos de izquierda y derecha. Le había dicho también que ella se encargaría de convencer de la idea al propio Alcalde, a través de Verónica Alcocer, esposa de Petro e íntima amiga de la Candidata. Su propósito no era otro que fulminar políticamente a Francisco Santos y dejarlo en el limbo: sin el apoyo del Centro Democrático, por desertor, y sin credibilidad frente a cualquier otro grupo político, por saltimbanqui.

Listo Pacho. Hablo en estos días con Vero y te cuento.

Se iba a levantar para servir otra copa de vino, y celebrar su jugada, pero la detuvo el primer secreto del 1, 2, 3 de CM&. Agarró el control y le subió el volumen al televisor:

El exalcalde Antanas Mockus podría estar, a partir del año próximo, en el Senado de la República… y sería la primera vez que Mockus, exrector de la Nacional, dos veces alcalde de Bogotá y excandidato presidencial, sea elegido para el Senado. Recientemente, la analista política y periodista Claudia López, quien también aspirará al Senado, envió una carta a los precandidatos presidenciales de los verdes, es decir, Enrique Peñalosa, Antonio Navarro, John Sudarsky y al propio Mockus, en la que les dice que es más importante la paz que la Presidencia y que, en consecuencia, todos ellos deberían estar en una lista para el Senado, para defender allí la paz y contribuir a construir el posconflicto…

La Candidata musitó fragmentos de lo que acababa de oír: “… Mockus… más importante la paz que la Presidencia… defender la paz y contribuir en el posconflicto…”. Hizo memoria de una noticia que había escuchado recientemente pero que había dejado escapar de sus análisis permanentes. Caminó hacia su cuarto de estudio, movió el mouse de su iMac para sacarlo del modo hibernación y escribió en la barra de búsqueda de Google: “antanas mockus proceso de paz juan manuel santos”. El primer resultado arrojado fue una noticia de Caracol Radio titulada: “Santos se reunió con Antanas Mockus para hablar de paz” (ver noticia de Caracol Radio). El mencionado encuentro se había dado justo el día anterior.

Su celular sonó. Identificó de inmediato que la llamaban del conmutador de la Casa de Nariño. Sonrió.

—Aló.

—Buenas noches. Le habla Milton de la Presidencia de la República. El Señor Presidente quiere hablar con usted.

—Ok. Gracias —dijo ella.

—Aló… mi querida Candidata. Hasta ahora puedo devolverte la llamada.

 —Ay, Juan Manuel. No dejas de sorprenderme. Hace dos semanas me preguntaste que a qué estaba jugando yo y mírate… Tú no me pediste que hablara con Vargas Lleras para saber qué esperar de él. Lo que querías era llenarte de motivos para descartarlo como candidato a la Vicepresidencia. Y algo me dice que tu corazón de jugador de póker se inclina a apostar por Mockus.

—Je, je, je, je. ¿Y qué te hace pensar eso?

—No te hagas. Creo que es una muy buena movida. Lo primero es que hablé con Vargas Lleras y a ese tipo le sabe a mierda el proceso de paz. Puede que siga mordiéndose la lengua y evite el tema a toda costa manteniendo su talking-point ese de “no me pronuncio sobre un asunto que es de exclusivo resorte del Presidente de la República”. Eso ya lo sabes pero, ¡por favor!, te arriesgas a que, cuando le entregues tus banderas, él borre de un plumazo lo que has hecho. Si dejas que eso pase, no quedarás en la historia como el Presidente que hizo la paz, sino como el Presidente que INTENTÓ hacer la paz. Tu ambición da para mucho más que un simple intento. Además: imagínate como expresidente, en dos o en cuatro años, criticando a Vargas Lleras por echar al traste tu legado. Serías el Uribe de Vargas Lleras y no es eso lo que buscas, ¿o sí?

El Presidente guardó silencio. La Candidata casi podía oír las inquietudes que había sembrado en la mente del Jefe de Estado.

—¿Juan Manuel? —dijo ella.

—¿Y qué piensas de Mockus? —reaccionó el Presidente.

—Me parece perfecto. Sería una fantástica pateada de tablero. Armarías un revuelo colosal. Los análisis en los medios perdurarían por semanas. No se cansarían de hablar de cómo Mockus es un tipo idóneo, sin intereses personales, al que se le puede creer que está ahí por convicción en la paz, bla, bla, bla… También hablarán de esa jugada maestra de llevarte como fórmula vicepresidencial al contendor que hace cuatro años quedó de segundo con 3 millones y medio de votos… Pero bueno… eso también lo sabes muy bien.

—Jejeje… ¿Algo más que agregar a tu sesuda interpretación?

—Solo una cosa: Mockus es tu mejor carta para ganar en primera vuelta.

***

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