Capítulo 6: La Navidad y Simón Trinidad

Primera temporada

Advertencia: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Martes 17 de diciembre de 2013

En Bogotá, La Habana y Washington el reloj marcaba la misma hora: 7 y 15 de la mañana. En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos revisaba con la Secretaria Jurídica sus opciones frente a la destitución del alcalde Gustavo Petro (con quien tenía cita a las 10 am); en Cuba, los equipos de negociadores del Gobierno y de las Farc sostenían reuniones por separado, preparándose para el inicio del ciclo 18 de diálogos que empezaría en pocos minutos; y en Washington, la Candidata tomaba café en un hotel de Dupont Circle mientras leía en su iPad un reciente artículo de The Huffington Post que, en español, se titulaba: “Obama ha indultado casi a tantos pavos como a traficantes de drogas”.

Al restaurante del hotel llegó Ricardo Zúñiga, el nicaragüense que (hace un año y medio) había remplazado al colombiano Dan Restrepo como asesor del presidente de Estados Unidos en el Consejo Nacional de Seguridad. Específicamente, su cargo era Director para Asuntos del Hemisferio Occidental (o para Asuntos Latinoamericanos, según el medio que se consultara). Había conocido a la Candidata años atrás en el Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Virginia.

—Pero mira nada más —dijo ella, efusiva— si es el mismísimo asesor de Seguridad Nacional del Presidente de los Estados Unidos.

Zúñiga intentó mostrarse apenado por la pompa de su cargo, pero era evidente que el orgullo le hinchaba el pecho.

—Hola, ¡qué alegría verte al fin! —respondió él—. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—No me hagas pensar en eso. Cada vez que hago cálculos de cuánto tiempo ha pasado, lo que termino recordando es cuántos años tengo hoy… Y antes de que me lo preguntes, estoy a menos de dos años de volverme cincuentona. No comments, ok?

—Just one comment: you look stunning… Pero bueno, ¿cómo te trata Estados Unidos?

—Pues…, sin contar el clima, me encontré con el frío recibimiento de esta noticia que hasta ahora leo.

La Candidata le mostró a Zúñiga el artículo en la pantalla del iPad. El funcionario estadounidense apretó los labios.

—No me digas que no estabas enterada. Eres la más interesada en estos temas. El Gobierno solo ha concedido 39 perdones…

—Ricardo, claro que lo sabía, 39 indultos, de los cuales solo 11 han sido para personas condenadas por delitos de narcotráfico. Lo que me sorprende es que hayan sido casi los mismos 10 indultos que les otorgó a pavos. Por Dios, ¡pavos! Me desilusiona que tu Presidente sea tan considerado con lo que debería ser la cena de Navidad.

Zúñiga sintió pena por la mujer.

—You know this turkey thing is just a tradition… no hay que comparar una cosa con la otra. El artículo de The Huffington es simplemente malintencionado y…

—En fin… —interrumpió ella. Sus ojos se aguaron—. Eso quiere decir que lo de mi hijo, definitivamente, no va a ser posible, ¿verdad?

—Tú sabes que intenté plantearlo alguna vez, pero me queda muy mal insistir en una cosa así. El Presidente ha dejado los límites muy claros: se les perdona o se les conmuta la sentencia a quienes demuestren que fueron condenados por un unfair system. En dos o tres días, Obama va a anunciar perdón para 13 presos y les va a conmutar la pena a 8 más, pero hará el anuncio con ese mismo statement (ver declaración de Obama). Tu hijo… no está en esa lista y… para ser franco no va a estar en ninguna otra a futuro.

La Candidata se secó las lágrimas que no alcanzaron a salir y cambió de asunto.

—¿Y de Simón Trinidad? ¿Qué has sabido?

—En su caso, el indulto quedó descartado hace un buen tiempo. Al margen de que existan o no antecedentes sobre concederle perdón a un extranjero, entenderás que sería impresentable indultar a un terrorista condenado por el secuestro de tres ciudadanos americanos, más aún cuando nuestro Gobierno es tildado de merciless por no perdonar a sus propios ciudadanos.

—Entiendo.

—Pero… Hay otra alternativa.

La Candidata se quedó mirándolo expectante.

—Sabes que el Secretario de Estado (John Kerry) se reunió con el presidente Santos en agosto, en Bogotá. Luego, hace menos de un mes, hizo lo mismo the Attorney General (ver visita de Eric Holder a la Casa de Nariño, días antes de que negociadores en La Habana iniciaran diálogo sobre drogas). Y también estarás bien informada de la reunión que tuvo el presidente Santos con el presidente Obama a principios de este mes en la Casa Blanca.

A la mujer se le iluminaron los ojos. Zúñiga supo que ella ya intuía para dónde iba la conversación.

—¿De qué crees que hablaron en esas tres reuniones? —preguntó aquel hombre, acercándose a ella y bajando la voz por temor a que otros lo escucharan.

—Del tratado de extradición —adivinó ella perpleja.

—Exacto —continuó él casi murmurando—. Primero Kerry planteó esa opción para que Santos lo evaluara, teniendo en cuenta que el indulto para Simón Trinidad no iba a ser posible. Después, con the Attorney General ambos países confirmaron que era viable jurídica y políticamente, es decir, que podían jugarse algo de capital político en eso. Y finalmente, Santos y Obama shaked their hands y le dieron instrucciones inmediatas a sus jefes diplomáticos para que empezaran a trabajar.

—Where is all this coming from??? —dejó escapar la Candidata, extasiada por lo que oía.

—Oye esto: el Gobierno de Estados Unidos está decidido a facilitar lo que sea necesario para la negociación con las Farc. Recuerda que Obama se ganó un Nobel de Paz con solo declaraciones de buenas intenciones, sin haber hecho nada. Ahora él quiere justificar ese premio con actuaciones que demuestren su vocación pacifista. Mira nada más lo que ha venido pasando: lideró un pacto nuclear con Irán y ha insistido en apoyar las negociaciones de paz en Siria. Even though, ambas cosas pueden fracasar en cualquier momento y por eso su interés en Colombia: en las actuales circunstancias, la paz con las Farc parece ser la de más probabilidades de éxito y Estados Unidos quiere estar en la foto de alguna manera, even at the edge of the frame.

La Candidata se quedó sin palabras. Pensó emocionada en todas las posibilidades que se abrían para su hijo de llegarse a redefinir el tratado de extradición.

—Sé lo que estás pensando —agregó Zúñiga—, pero esto puede tomar tiempo. Lo que viene es un asunto diplomático. Tengo entendido que la canciller colombiana va a verse aquí en Washington, con John Kerry. Y lo que han dicho es que Estados Unidos va a empezar a dar demostraciones tangibles de respaldo a la paz, con recursos dirigidos específicamente a implementar algunos de los acuerdos que se firmen en Cuba (ver anuncio de millonaria inversión de Estados Unidos para restitución de tierras y regiones más afectadas por el conflicto). Esto es un gana-gana para todos: si las Farc desaparecen, ya no necesitaremos encauzar tantos esfuerzos para combatir su red de narcotráfico.

—No puedo creer que haya dejado pasar tanta información y hasta ahora me esté enterando.

—Hay una cosa más.

—No juegues con mis sentimientos, Ricardo.

—Jajaja. En serio, hay otra alternativa. Es una especie de Plan B. Uno nunca sabe cuánta resistencia puede provocar un tema como la extradición ¿Has oído hablar del recurso jurídico del exequátor?

—¿Del qué? ¿Cómo se escribe eso? —preguntó ella sacando el celular para anotar.

—E-X-E-Q-U-A-T-O-R —deletreó Zúñiga, dándole tiempo a la Candidata para copiar.

—Ni idea.

—Básicamente es un recurso jurídico que le permite a un país, en este caso a Colombia, ejecutar en su territorio la sentencia de un juez extranjero. En otras palabras, Colombia podría pedir que Simón Trinidad pague sentencia en su propio territorio… Pero es una idea borrador que están revisando, dont’ get excited already.

Tan pronto salió de su encuentro con Ricardo Zúñiga, la Candidata empezó a hacer travesuras. No podía creer que, luego de escuchar que se reducían las salidas para su hijo, de repente se abrieran otras puertas que no había contemplado. De inmediato le texteó a Ramiro Orjuela, abogado de Simón Trinidad. No quería que ninguna idea quedara en borrador. She was excited already.

Ramiro, supongo que ha oído hablar del EXEQUATOR. Acabo de salir de una reunión en Washington (ni me pregunte). Estados Unidos y Colombia están evaluando usar esa figura para repatriar a Simón. Está crudo el tema, pero puede empezar a cocinarlo. Estúdielo bien primero, dele tiempo a los negociadores del Gobierno para ver si lo ponen sobre la mesa. Si no, ventílenlo desde La Habana, pero mejor espérense hasta enero.

***

Los ventiladores del estrecho salón de negociaciones no lograban bajarle la temperatura a la acalorada discusión que había iniciado hace poco el jefe guerrillero Iván Márquez. Su tono vehemente se escuchaba en buena parte del Palacio de Convenciones de La Habana.

—Que les quede a todos claro y que le quede claro al presidente Santos —dijo—: aquí podemos llegar no a 5, sino a 10 o 15 acuerdos, todos los que quieran, pero si el camarada Simón Trinidad no está de cuerpo presente el día de la firma, no pactamos nada. ¡Ustedes fueron diligentes en extraditarlo, ustedes mismos pueden traerlo de vuelta con la misma diligencia!

Un funcionario cubano (garante de los diálogos) se acercó a Humberto de la Calle para transmitirle un mensaje:

—Al teléfono, la llamada que pidió —susurró sin que nadie más escuchara.

De la Calle se levantó y caminó 45 pasos hasta la oficina asignada al equipo negociador colombiano. Marcela Durán, su asesora de comunicaciones, tenía el teléfono en la mano.

—Ya está aquí —advirtió Marcela a quien aguardaba al otro lado de la línea.

Mientras esperaba a que le comunicaran, De la Calle abrió una botella de agua y bebió un largo sorbo. Las perorata de Iván Márquez lo había dejado seco.

—Doctor de la Calle.

—Presidente, buenos días.

—¿Cómo van esas negociaciones? ¿Ya refundaron la patria o no?

—Ja, Presidente. Lo que me están es refundiendo el cerebro.

—¿Qué ha pasado?

—Como cosa rara, Iván Márquez se despachó. Pero esta vez me parece inquietante lo que dijo.

—Cuénteme.

—Está haciendo escándalo con una información que, se supone, debía ser confidencial. Las Farc ahora saben que usted está discutiendo una revisión de la extradición con Estados Unidos y que para eso se reunió con Kerry, con Eric Holder y con Obama.

Santos lo pensó antes de responder.

—Eso no necesariamente significa que se haya filtrado información —planteó el Presidente—. Puede ser, simplemente, que tienen buena conexión a Internet y saben dónde leer análisis sesudos. Las reuniones de las que me habla fueron más que públicas.

—No. Ellos tienen LA CERTEZA de que el gobierno está discutiendo una revisión del tratado de extradición. Dicen, inclusive, que la Canciller se va a reunir con Kerry empezando el año para avanzar en el tema. Si eso es cierto, las Farc andan más enteradas que yo. No tengo idea de eso.

El Jefe de Estado empezó a contagiarse de la misma inquietud de su jefe negociador.

—Eso es verdad… La Cancillería está cuadrando una reunión con el Departamento de Estado… Muy grave que se estén filtrando cosas. Voy a hablar con el general Ramírez (Secretario de Seguridad de la Presidencia) para que se revisen todas las comunicaciones de Palacio y de la Cancillería, a ver si por aquí está la fuga. Incluso…, estoy pensando que el general Ramírez acaba de regresar como agregado militar en Londres y está fresquita su relación con los británicos. Ellos nos pueden dar una mano. Pero, explíqueme una cosa que no comprendo: ¿por qué Iván Márquez está haciendo escándalo? Si anda tan bien informado, debería saber que lo que buscamos es traer a Simón Trinidad.

—Sí, lo sabe. El bullicio es porque no les dijimos antes que el indulto era imposible y calculan que cualquier cambio al tratado de extradición puede durar una eternidad. La verdad es que este tema se nos puede volver una tranca para el proceso (ver “Extradición, tema que frena las conversaciones de paz”). Márquez hasta amenazó con no firmar ningún acuerdo de paz si al final Trinidad no está en Cuba para salir en la foto. Y ahí dijo otra cosa que yo, francamente, desconozco. Según él, el Gobierno está evaluando la figura jurídica del exequátor y exige que la usemos… No sé si usted sabe, Presidente, pero esa es una figura que permite a un Estado…

—Jueputa… —lo cortó Santos—. Eso también es verdad, pero es apenas una idea y me parece muy raro que la guerrilla conozca del tema porque lo hemos hablado, exclusivamente, con la Canciller y el Ministro de Justicia. Me preocupa, me preocupa mucho que se estén filtrando semejantes cosas.

—Algo que me recomiende decir en la mesa.

—Por ahora, que usted no tiene ni idea de nada. Y para tranquilizarlos con algo, dígales que en enero van a tener allá a Julián Conrado y que yo autoricé la salida de Fabián Ramírez. No creo que sigan tan ariscos después de que les anticipe semejantes anuncios.

***

El presidente Santos volvió a su despacho. Allí había dejado conversando a Alfonso Gómez Méndez, su Ministro de Justicia, y al alcalde Gustavo Petro. Cuando las reuniones se alargaban, el Jefe de Estado solía pedir llamadas telefónicas para atenderlas en otra oficina y provocar que el funcionario de turno acabara la cita. El truco era infalible: a su regreso, Gómez Méndez y Petro esperaban de pie para despedirse.

—Alcalde, muchas gracias por haber venido —dijo Santos extendiéndole la mano—. Le reitero que puede contar con mi total imparcialidad en este proceso.

—Gracias a usted, Presidente. Confío plenamente en que así será.

Santos acompañó a Petro hasta la puerta y le hizo una señal a Gómez Méndez para que se quedara. Una vez solos, le pidió a su Ministro que tomara asiento de nuevo.

—¿Usted ha hablado con alguien de la figura del exequátor que comentamos con Estados Unidos?

A Gómez Méndez le pareció extraña la pregunta.

—Para nada, Presidente. Ni siquiera a mis viceministros.

Santos meditó en silencio.

—¿Cómo va la recogida de información sobre la extradición?

—Bien, Presidente. Ya tengo un primer documento, muy completo, que explica cómo ha evolucionado y cómo ha perdido su razón de ser en algunos casos.

—Prepárese para hacer la entrevista con Yamid Amat. Voy a almorzar con Roberto Pombo este fin de semana y ahí le digo que cuadren eso y que se jalen un editorial a partir de lo que usted diga (ver editorial). Tenemos que empezar a hacer ruido antes de que arranque en forma el próximo año. Recuerde la frase que le dije, que puede ser un buen titular.

***

El viernes siguiente la Candidata permanecía en Estados Unidos, aunque no en Washington. Abandonó la ciudad para no encontrarse con el alcalde Petro y su mujer, Verónica Alcocer, quienes justo por esos días acudieron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para solicitar medidas cautelares que evitaran la destitución del burgomaestre.

La Candidata estaba a siete horas de allí, en una sala de espera de la cárcel de máxima seguridad de Florence, Colorado. Había programado una visita para hablar con el prisionero 27896-016, registrado así por el Federal Bureau of Prisons (ingrese en este link el número y confirme la identidad del recluso). En aquel lugar coincidían varios de los más representativos terroristas que alguna vez violentaron la seguridad nacional de Estados Unidos, entre otros, miembros de Al-Qaeda como Zacarias Moussaoui, acusado de participar en los atentados del 11 de septiembre, y otros cuatro condenados por la bomba al World Trade Center en 1993. Todos estaban sentenciados a cadena perpetua.

El guardia abrió una puerta, miró a la Candidata y asintió con la cabeza, invitándola a seguir con un escueto “Madam…”. Ella se sentó en una de las sillas ubicadas de frente contra un grueso vidrio y esperó. Algunos segundos después apareció Simón Trinidad, vestido de uniforme naranja, barba canosa, delgado y fornido. El cliché de la escena fue total cuando ambos levantaron el teléfono que les permitiría hablar a través del muro de cristal.

—Tengo información de su abogado Ramiro. Me pidió que…

—Antes de que siga —dijo Trinidad con seriedad—, quisiera que me explique por qué viene.

—Ya se lo dije la vez pasada. Soy amiga de Ramiro y da la casualidad que mi hijo vive en Colorado Springs. Como a su abogado le volvieron a negar la visa, simplemente aprovecho el viaje para traerle cualquier mensaje que él tenga para usted.

Trinidad se quedó viéndola en detalle.

—Tiene los ojos hinchados. El año pasado también lloró antes de venir.

El guerrillero no tenía por qué saber lo que muy pocas personas en el mundo conocían. Camilo, el hijo de la Candidata, pagaba su propia condena en la prisión contigua, en Florence High (un complejo con un nivel de custodia por debajo del de máxima seguridad). Lo había visitado durante cada diciembre de la última década, para rezar con él al menos un día de la Novena de Aguinaldos. Aunque siempre quedaba derrumbada tras la despedida, hasta el año pasado (cuando decidió pasar a hablar con Trinidad por primera vez) nadie había visto el efecto de esas lágrimas en la cara de la Candidata.

***

Siga a La Candidata en Twitter: @LaCandidata

Para que esta historia siga viva, compártala.